Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014 Del amor y otros monstruosSomos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.

Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014
Del amor y otros monstruos

Somos de una generación, todos aquellos que nacimos en 1980, (de)formados por la televisión, con toda su gama de relatos: telenovelas, películas, caricaturas, noticieros, series, documentales. Cada formato configuró una formar de ver y entender el mundo. De la misma manera crecimos leyendo cómics, novelas gráficas, historietas, cuentos y demás relatos tradicionales. En medio de toda esta maquinaria de historias, fuimos el puente entre dos generaciones que padecieron y crecieron con la internet. Pasamos del mundo análogo al mundo virtual sin complicación, pues los juegos de video ya nos habían aleccionado. Las nuevas narrativas fragmentadas fueron asimiladas con tal naturalidad que pareciera que siempre estuvimos entre imágenes breves y palabras más breves.
 
Los catorce artistas reunidos aquí, muestran consciente o inconscientemente, distintas formas de narrar a través de las artes visuales. Sus relatos, casi siempre fragmentados e inconexos, expanden la linealidad y construyen variables infinitas. Javier Arjona, Daniel Berman, Atenea Castillo, Sergio Elefante, Sebastián Fund, Mario Hernández, Juan Sin, Paulina Lara, Laso, Sepeck Malacara, Rabí Montoya, Lucia Prudencio, Jimena Ramos y Rodolfo Sousa, se reúnen aquí por plantear alternativas de cómo contar una historia. De amor y otros monstruos no pretende ser la antología del arte emergente en Xalapa, sino una muestra breve de la escena artística local contemporánea, donde lo que se privilegia es esta potencialidad de narrar con la imagen.
Josué Martínez Rodríguez
Curador
Xalapa, Veracruz. México
2014
Remix 10/09/2014 Remix 10/09/2014 Remix 10/09/2014 Remix 10/09/2014 Remix 10/09/2014 Remix 10/09/2014

Animación de la pieza

No se murieron…

mención honorífica en la 2a Bienal de Arte de Veracruz 2014

No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
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corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos No se murieron…
Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.
432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.
70x100cm.
2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.
El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.
Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?
No se murieron…
Los mataron…
los matamos…
los rescatamos…
los revivimos…


corrección de estilo: Felipe Bustos

No se murieron…

Mención honorífica  en la 2a bienal de arte de Veracruz.

432 fotografías intervenidas con acrílico y plumón.

70x100cm.

2014.

No se murieron… versa en primer lugar sobre la violencia que ejerce el hombre sobre el hombre y sobre una práctica de recuperación. La pieza es una consecuencia del caos que predomina en nuestra ciudad, en nuestro bello estado y país donde día a día desaparecen personas, sean niños, niñas, jóvenes y adultos.

El resto del mundo no está exento de una situación de constante y aborrecible violencia donde los jóvenes son los principales afectados, en ellos resuena más el horror, sirven como carne de cañón para grupos delictivos, son secuestrados y retenidos para venderles y usarles. En el último puñado de años la evidencia de desaparecidos se ha incrementado y no hay visos de que disminuirá pronto.

Mantenernos indiferentes fomenta el crecimiento de este caos, le deja el camino libre y llegará el punto en que sea irreversible incluso en el sentido simbólico. Con este acto simbólico se pretende renovar la vida de estos personajes, se les rescata, recuerda, se les hace resurgir, pero vagos, con velos, ahora son algo menos o algo más que humanos, paradójicamente utilizo un archivo muerto, de alumnos que no volvieron por sus papeles. Hacer uso de un documento de identificación como la fotografía infantil, que se utiliza en credenciales y demás documentación escolar (denotando un sector específico de población) y transgredirlo o transformarlo ilustra la desaparición al mismo tiempo que dota de nuevos significados y nuevas formas en las que pueden ser observados. En este proceso  es que la pieza cobra otro sentido que el mero hecho de evidenciar algo que ya es obsceno en su evidencia. Apunta a preguntas ontológicas, ¿es la muerte borrada o al menos ignorada, la muerte violenta, no digna, para poder purificar eso que llamamos vida?, ¿se apela a un estado de gracia, a una vuelta al origen, a la unidad, donde la multiplicación de un hombre sagrado y mítico ha llegado a multiplicarse por millones? Y ¿esto revierte en algo la situación que horroriza?

No se murieron…

Los mataron…

los matamos…

los rescatamos…

los revivimos…

corrección de estilo: Felipe Bustos

Prox. +info. Prox. +info. Prox. +info. Prox. +info. Prox. +info. Prox. +info.
Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.  Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.
Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano. 
En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo. 
Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo. 
En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  
Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa. 

Exhibición de parte del proyecto Time Delete en colaboración con el Científico social Felipe Bustos y la Actriz Ana Nolasco. En esta ocasión nombrado Territorio Compartido.

Para hablar de territorio compartido es necesario re-direccionar la mirada a donde se encuentra el origen. Hablar de territorio implica una búsqueda, principalmente de éste lugar primordial, la ciudad perdida, el paraíso, el Ur o Tar. En esa búsqueda encontramos una referencia clara de lo que implica el ascenso a esta ciudad: La existencia de la montaña. La montaña que a su vez se conecta con otras montañas, es decir el territorio compartido se refiere a las analogías o coincidencias, impulsos nerviosos que se encuentran en todo ser humano.

En distintas culturas y a lo largo de la historia de la humanidad se encuentran rastros de la veneración u/o identificación de la montaña como figura de ligazón, uno de los ejemplos más claros son las pirámides de Teotihuacán y la pirámides de Giza. Éstas representan la conexión con lo alto o sagrado. Otros símbolos que acompañan a esta figura son la cueva, representación del cruce o del umbral, un “no-lugar”, un estado de consciencia, el espacio donde se anula el tiempo.

Se dice que Mahoma ascendió a la montaña, entro a la cueva y fue visitado por un ángel, el cuál lo llevó a recorrer todo el mundo en menos de una hora, a su regreso era sabio, era el mensajero. Se puede relacionar esta figura de Mahoma con Jesucristo, con Buda, con Moisés… el mensajero. El mensajero es tomado como un profeta que revela los secretos de ese lugar perdido, André Breton se refería a los pulpos como alas de los mensajeros del fin del mundo: Kraken, Yog Sototh, las Bestias en el Apocalipsis o un Leviatán son figuras que aparecen para llenar este signo.

En otras referencias culturales, encontramos al mensajero como iniciado, como el elegido… Elegido por la nube, por el rayo, el rayo que es el universo-serpiente, la emanación, la concentración de la creación en un punto fulminante. La nube que flota por el territorio compartido a lo largo de la historia por infinidad de seres que “piensan” que son uno y la multiplicación de tres.  

Éstos son sólo algunos puntos clave del viaje, de la lucha y del juego del hombre al “subir”, pero también sus caídas como tropiezos y sus bajadas como encarnaciones son parte del mapa.